martes, 12 de enero de 2010

ELENA EYHEREMENDY. COMENTARIO A ORIGEN. 15/10/09

15 DE OCTUBRE DE 2009.
Grupo A.L.E.G.R.Í.A.. Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano.


Buenas noches a todos. Mi nombre es Elena Eyheremendy y hoy tengo el honor de acompañar a nuestra amiga, la poeta Irene Marks en una nueva presentación de su libro ORIGEN en el ámbito del Grupo A.L.E.G.R.I.A.. Por eso quiero en primer lugar agradecer a la autora, esta prueba de confianza y afecto, que me ha brindado además, como lectora, el placer de ahondar en textos sumamente originales, en los que la voz poética adopta tonos íntimamente consubstanciados con otras antiguas voces aquí evocadas con la fuerza resucitadora de la convicción y en pequeñas escenas de comunión íntima con la naturaleza.

Pero ya lo ha dicho Walter Benjamín a propósito de la obra de arte: “Incluso en la reproducción mejor acabada falta algo: el aquí y ahora de la obra (misma), su existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra.” Por eso convinimos con nuestra poeta, que mi participación sería breve, de modo de poder acordar más tiempo a la celebración de la palabra poética misma. Por otra parte, si pensamos que toda crítica puede ser considerada simplemente como una traducción, una interpretación a cargo de un lector dado, también podemos preguntarnos legítimamente con ese eximio hombre de letras que fue W. Benjamín, hasta qué punto el libro ORIGEN de Irene Marks habrá encontrado hoy y aquí al crítico o a la crítica que se merece.

En esta tarea me dejé llevar naturalmente –como en toda experiencia de lectura o de escritura– por la brújula de la intuición y el instinto de aventura, que en gran parte conducen nuestros actos de leer o escribir. Comencé así por lo primero que aparece a la vista al tomar un libro entre las manos: ORIGEN, su título, anunciador como un angelus, nos retrotrae ya a tiempos arcanos, tal vez aquellos donde sólo era el logos, la Palabra, casi confundida, prácticamente indiscernible del acto creador. Y recordamos que la naturaleza era allí bienaventurada aunque muda, dado que sólo el hombre, su huésped, podía nombrarla. Recordamos además la inesperada ironía del Árbol del conocimiento en pleno Paraíso y la presencia inquietante por lo autónoma y subversiva de la Serpiente.

Sí, Irene Marks se vuelve en este libro hacia el Origen pero lo hace –y cito palabras de la autora en el Prólogo– busca(ndo) “revalorizar el significado de la vida en las sociedades primitivas”, en su mayoría destruidas por poderes económicos que las consideraban como una amenaza”. Es con ese fin entonces que nuestra poeta querría ”resucitar rituales perdidos”, renovar experiencias que tuvieron lugar en los albores de otros grupos humanos, para quienes los elementos naturales eran sagrados e inseparables de la vida cotidiana: Este prólogo asoma así como bandera en prosa de un poemario; y en él la autora se vuelve sobre su propia escritura buscando su sentido más hondo, hurgando en su propio misterio. Y ya desde esta primera página, ella señala los lazos cortados con nuestro planeta, nuestra falta de contacto con la naturaleza, a la que contaminamos a mansalva con tal de transformarlo todo en oro o petrodólares.

Porque entre las reivindicaciones de nuestra poeta, la mujer de las cavernas, junto con celtas, mayas, incas o comechingones, se une a los cátaros, a los trovadores provenzales, al mito de la Atlántida, buscando cómo renovar aquella “conexión perdida” y recomendar caminos como la emoción y la memoria, que podrían promover la reincorporación de alguna voz “antigua e imprescindible”, resguardada para siempre en el hemisferio derecho –el “no utilitario”– de nuestro cerebro.

Muy fuerte es también en ORIGEN, otro gran tema anunciado igualmente en el Prólogo de la autora, donde como curioso dato encontramos que este libro ha sido escrito hace 25 años: Una simple cuenta de resta y damos con el año 1984: Para mi enorme sorpresa, en ese momento, hace 14 días, yo tenía en mis manos este libro escrito en 1984 por Irene Marks y sobre mi mesa de trabajo, esperándome, un ejemplar en inglés del libro homónimo de Orwell, que precisamente Irene me acababa de prestar un par de semanas antes. Y naturalmente no paran ahí las fiestas de coincidencias y contrastes:

Todos sabemos que Orwell, en su célebre novela de 1949, ubica la acción en una época a la sazón futura, 1984, buscando quizá pintar en un tiempo sin tiempo, la deshumanización que permanentemente acecha a nuestro mundo, el cual no cesa de dejarse fascinar una y otra vez por multifacéticas técnicas de control e ingerencia en la vida privada de las personas, técnicas de sometimiento y represión, utilizadas por las más crueles dictaduras y los totalitarismos más diversos. Incluso hoy, al tiempo que se nos llena la boca hablando de algún progreso en materia de derechos humanos, a la manera del mejor Big Brother de Orwell, las grandes potencias siguen encontrando nuevos falaces incentivos para seguir promoviendo sus guerras, sin mosquearse ante el escandaloso flujo de miles de personas nomadizadas, emigrantes-desplazados-desarraigados que circulan por el mundo entero “en controlado tránsito” pero de hecho abandonados a su suerte. Siempre a la espera, como Gogo y Didi de Esperando a Godot, en el marco de la bufonería siniestra y extenuada de ese Beckett de 1953. A la espera, repito, de la restitución de sus más elementales derechos avasallados, el derecho al alimento, al trabajo, a la vivienda, a ocupar un lugar en el mundo. Hoy, cuando más de medio siglo ha transcurrido tras la aparición de aquellas epifanías apocalípticas de Orwell y de Beckett o más recientemente La carretera de Cormac McCarthy, inmensas mayorías siguen siendo condenadas a vegetar en la miseria, con sus hijos y sus ancianos, a padecer en cárceles clandestinas, a pulular mendigando en las ciudades, procurando sobrevivir a tan descomunal intemperancia, a tanta temeraria avidez de ganancias. Ilegítimas –señala Irene Marks en su Prólogo– por haber sido conseguidas a expensas de la supervivencia de poblaciones indefensas, que siguen siendo despojadas dentro de un proceso universal de destrucción material y deterioro moral, cuyo programa parece incluir la absoluta depredación de nuestro planeta por el agotamiento de sus recursos.

Justamente, en ORIGEN hay poemas como el titulado “El mundo de los túneles”, que abren la puerta de más contemporáneos Infiernos. Se trata de lugares subterráneos, inferiores donde la voz del poeta es el lazo, el testigo que ha visto ambos mundos. Allí se suceden imágenes de la falta del sol y del aire, de carencia de luz, de cielo. Sólo hay lágrimas, humo, negrura, alimañas y el eco de los gritos de los prisioneros. Aunque no falta la rudimentaria plegaria “a algo que llaman Luna” (estoy citando sus versos): “Madre, Madre, le dicen, envía una marea poderosa para quebrar los túneles.” Leo el último tramo (pág. 24).

Quiero señalar además aquí que yo he tenido mucha suerte en el reparto de dedicatorias: En el último poema, titulado “CALENDARIO – II”, mi epígrafe dice: “En materia de constelaciones / la única verdad es seguir buscando el nombre, Tejedora”, y sus protagonistas son náufragos en situación oscuramente precaria: Hay allí una idea de extravío, de perdimiento en lo temporal como en lo espiritual, una idea de encierro y de asfixia, por lo que al comienzo y al final del poema emergen “periscopios” con algo de orwellianos alzados por los sumergidos (cito) “(que) esper(an) la señal de la vida”.

Lo que dos veces me halaga es que los dos poemas que me han sido dedicados tienen un fuerte sentido social, un reclamo de mayor equidad y una más justa distribución de la riqueza. Leo el poema “MADRE TIERRA” (pág. 36-37), donde mi epígrafe dice: “Pero ¿por qué el hacha siempre roja cae sobre los mismos troncos?”.

La poesía de Irene Marks es –lo digo con sus propias palabras– un lanzarse dejando atrás toda atadura, un viaje cuyo camino no se conoce, pero que está marcado, puesto que en el momento de la escritura, no es el poeta quien decide, no es la vertiente racional de su cerebro. Así, la voz poética se identifica a veces con otras voces, dialoga con ellas, en ese desdoblamiento cismático que compartimos con los interlocutores que nos habitan, el otro ausente, aquel que mora en el mágico espejito, como una voz que arropa nuestra soledad.

Las mallas del poema se tejen aquí con la silvestre levedad de las danzas rituales, con la fuerza y el ritmo de sus repeticiones e invocaciones, con “el presagio del anillo de sangre”, cuando no con la dulzura de ese “ciervo dulcísimo sobre su corazón” (estoy citando elementos de “RAÍZ” y de “TROVADORES – IV”). Por supuesto no faltan en la marmita de nuestra hechicera, peces moribundos ni carne de buey negro. Porque en ésta como en toda genuina poesía “el ángel y el demonio se toman de la mano”. Pero girando en medio del torbellino que genera el poema, Irene Marks sostiene con firmeza la varita heredada sin duda del hada Morgana o alguna otra bondadosa sanadora amiga de Merlín o de sus propios ancestros irlandeses. Sin olvidar que entre las hadas y los brujos protectores de ORIGEN está la poeta Paulina Vinderman, alentando a la autora desde su hermosa contratapa.

Tal es la lana, tal el material de su tejido, con el cual y fiel a los principios surrealistas, Irene sueña y halla en lo onírico los metales preciosos de su canto, ella capta otros mundos e inventa su lenguaje, como en los poemas “EL LATIDO RITUAL“ y “ONGAMIRA: PALABRAS DE LA ROCA”. Irene capta otros zodíacos, otras constelaciones, y sabe cargarse de su energía mágica; luego se pone a soñar y nos habla con el acento extrañado de la premonición y la eficaz certeza de los hechiceros. Leo fragmentos de “TROVADORES – II” (pág. 43): “Lo que me asusta no es perder al trovador, sino perder el sueño / del trovador, sus melodías de tierras inconclusas”. Y más adelante “ oh ya no sé a quién amo si al real o al soñado que / habla con la voz grave de los primeros pétalos caídos, allí donde / aún conserva la dulzura su salvaje vertiente de tréboles al / perderse en la noche.” Y al final: “Mas no sé renunciar al arco iris de su sangre tendido sobre el cielo de almohadas que une al mundo, / ni a su nombre, saeta sin destino, pasajero del tiempo como las / maldiciones como las esperanzas.

La más inverosímil tarea del crítico no es por supuesto la de dar lo comunicable como al hablar de un Prólogo, sino dar aquello intangible que emana de esta escritura que, como dice nuestro querido y venerado Julio Cortázar, ”nos abre el misterio de lo que es mirado desde el otro lado de la realidad cotidiana”. Por eso termino citando de “TROVADORES – V” (pág. 48): “Pero tú no lo sabes, solamente el que viene detrás de ti conoce estas señales, / el que mueve las olas de la noche, / el que llegó flotando en la más alta cresta de la espuma, cuando surgió el diluvio para quitarme el fuego para quitarme el fuego.”

ELENA EYHEREMENDY- 3/04/09.COMENTARIO A ORIGEN-BIBLIOTECA NACIONAL

Buenas noches a todos. Mi nombre es Elena Eyheremendy y hoy tengo el honor de acompañar a nuestra amiga, la poeta Irene Marks en la primera presentación de su libro ORIGEN en el ámbito de la sala Cortázar de nuestra querida Biblioteca Nacional. Por eso quiero en primer lugar agradecer a la autora, esta prueba de confianza y afecto, que me ha brindado además, como lectora, el placer de ahondar en textos sumamente originales, en los que la voz poética adopta tonos íntimamente consubstanciados con otras antiguas voces aquí evocadas con la fuerza resucitadora de la convicción y en pequeñas escenas de comunión íntima con la naturaleza.

Pero ya lo ha dicho Walter Benjamín a propósito de la obra de arte: “Incluso en la reproducción mejor acabada falta algo: el aquí y ahora de la obra (misma), su existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra.” Por eso convinimos con nuestra poeta, que mi participación sería breve, de modo de poder acordar más tiempo a la celebración de la palabra poética misma. Por otra parte, si pensamos que toda crítica puede ser considerada simplemente como una traducción, una interpretación a cargo de un lector dado, también podemos preguntarnos legítimamente con ese eximio hombre de letras que fue W. Benjamín, hasta qué punto el libro ORIGEN de Irene Marks habrá encontrado hoy y aquí al crítico o a la crítica que se merece.

En esta tarea me dejé llevar naturalmente –como en toda experiencia de lectura o de escritura– por la brújula de la intuición y el instinto de aventura, que en gran parte conducen nuestros actos de leer o escribir. Comencé así por lo primero que aparece a la vista al tomar un libro entre las manos: ORIGEN, su título, anunciador como un angelus, nos retrotrae ya a tiempos arcanos, tal vez aquellos donde sólo era el logos, la Palabra, casi confundida, prácticamente indiscernible del acto creador. Y recordamos que la naturaleza era allí bienaventurada aunque muda, dado que sólo el hombre, su huésped, podía nombrarla. Recordamos además la inesperada ironía del Árbol del conocimiento en pleno Paraíso y la presencia inquietante por lo autónoma y subversiva de la Serpiente.

Sí, Irene Marks se vuelve en este libro hacia el Origen pero lo hace –y cito palabras de la autora en el Prólogo– busca(ndo) “revalorizar el significado de la vida en las sociedades primitivas”, en su mayoría destruidas por poderes económicos que las consideraban como una amenaza”. Es con ese fin entonces que nuestra poeta querría ”resucitar rituales perdidos”, renovar experiencias que tuvieron lugar en los albores de otros grupos humanos, para quienes los elementos naturales eran sagrados e inseparables de la vida cotidiana. Este prólogo asoma así como bandera en prosa de un poemario; y en él la autora se vuelve sobre su propia escritura buscando su sentido más hondo, hurgando en su propio misterio. Y ya desde esta primera página, ella señala los lazos cortados con nuestro planeta, nuestra falta de contacto con la naturaleza, a la que contaminamos a mansalva con tal de transformarlo todo en oro o petrodólares.

Porque entre las reivindicaciones de nuestra poeta, la mujer de las cavernas, junto con celtas, mayas, incas o comechingones, se une a los cátaros, a los trovadores provenzales, al mito de la Atlántida, buscando cómo renovar aquella “conexión perdida” y recomendar caminos como la emoción y la memoria, que podrían promover la reincorporación de alguna voz “antigua e imprescindible”, resguardada para siempre en el hemisferio derecho –el “no utilitario”– de nuestro cerebro.

Muy fuerte es también en ORIGEN, otro gran tema anunciado igualmente en el Prólogo de la autora, donde como curioso dato encontramos que este libro ha sido escrito hace 25 años: Una simple cuenta de resta y damos con el año 1984. Para mi enorme sorpresa, en ese momento, hace 14 días, yo tenía en mis manos este libro escrito en 1984 por Irene Marks y sobre mi mesa de trabajo, esperándome, un ejemplar en inglés del libro homónimo de Orwell, que precisamente Irene me acababa de prestar un par de semanas antes. Y naturalmente no paran ahí las fiestas de coincidencias y contrastes:

Todos sabemos que Orwell, en su célebre novela de 1949, ubica la acción en una época a la sazón futura, 1984, buscando quizá pintar en un tiempo sin tiempo, la deshumanización que permanentemente acecha a nuestro mundo, el cual no cesa de dejarse fascinar una y otra vez por multifacéticas técnicas de control e ingerencia en la vida privada de las personas, técnicas de sometimiento y represión, utilizadas por las más crueles dictaduras y los totalitarismos más diversos. Incluso hoy, al tiempo que se nos llena la boca hablando de algún progreso en materia de derechos humanos, a la manera del mejor Big Brother de Orwell, las grandes potencias siguen encontrando nuevos falaces incentivos para seguir promoviendo sus guerras, sin mosquearse ante el escandaloso flujo de miles de personas nomadizadas, emigrantes-desplazados-desarraigados que circulan por el mundo entero “en controlado tránsito”, pero de hecho abandonados a su suerte. Siempre a la espera, como Gogo y Didi de Esperando a Godot, en el marco de la bufonería siniestra y extenuada de ese Beckett de 1953. A la espera, repito, de la restitución de sus más elementales derechos avasallados, el derecho al alimento, al trabajo, a la vivienda, a ocupar un lugar en el mundo. Hoy, cuando más de medio siglo ha transcurrido tras la aparición de aquellas epifanías apocalípticas de Orwell y de Beckett o más recientemente La carretera de Cormac McCarthy, inmensas mayorías siguen siendo condenadas a vegetar en la miseria, con sus hijos y sus ancianos, a padecer en cárceles clandestinas, a pulular mendigando en las ciudades, procurando sobrevivir a tan descomunal intemperancia, a tanta temeraria avidez de ganancias. Ilegítimas –señala Irene Marks en su Prólogo– por haber sido conseguidas a expensas de la supervivencia de poblaciones indefensas, que siguen siendo despojadas dentro de un proceso universal de destrucción material y deterioro moral, cuyo programa parece incluir la absoluta depredación de nuestro planeta por el agotamiento de sus recursos.

Justamente, en ORIGEN hay poemas como el titulado “El mundo de los túneles”, que abren la puerta de más contemporáneos Infiernos. Se trata de lugares subterráneos, inferiores donde la voz del poeta es el lazo, el testigo que ha visto ambos mundos. Allí se suceden imágenes de la falta del sol y del aire, de carencia de luz, de cielo. Sólo hay lágrimas, humo, negrura, alimañas y el eco de los gritos de los prisioneros. Aunque no falta la rudimentaria plegaria “a algo que llaman Luna” (estoy citando sus versos): “Madre, Madre, le dicen, envía una marea poderosa para quebrar los túneles.” Leo el último tramo (pág. 24).

Quiero señalar además aquí que yo he tenido mucha suerte en el reparto de dedicatorias: En el último poema, titulado “CALENDARIO – II”, mi epígrafe dice: “En materia de constelaciones / la única verdad es seguir buscando el nombre, Tejedora”, y sus protagonistas son náufragos en situación oscuramente precaria: Hay allí una idea de extravío, de perdimiento en lo temporal como en lo espiritual, una idea de encierro y de asfixia, por lo que al comienzo y al final del poema emergen “periscopios” con algo de orwellianos alzados por los sumergidos (cito) “(que) esper(an) la señal de la vida”.

Lo que dos veces me halaga es que los dos poemas que me han sido dedicados tienen un fuerte sentido social, un reclamo de mayor equidad y una más justa distribución de la riqueza. Leo el poema “MADRE TIERRA” (pág. 36-37), donde mi epígrafe dice: “Pero ¿por qué el hacha siempre roja cae sobre los mismos troncos?”.
La poesía de Irene Marks es –lo digo con sus propias palabras– un lanzarse dejando atrás toda atadura, un viaje cuyo camino no se conoce, pero que está marcado, puesto que en el momento de la escritura, no es el poeta quien decide, no es la vertiente racional de su cerebro. Así, la voz poética se identifica a veces con otras voces, dialoga con ellas, en ese desdoblamiento cismático que compartimos con los interlocutores que nos habitan, el otro ausente, aquel que mora en el mágico espejito, como una voz que arropa nuestra soledad.

Las mallas del poema se tejen aquí con la silvestre levedad de las danzas rituales, con la fuerza y el ritmo de sus repeticiones e invocaciones, con “el presagio del anillo de sangre”, cuando no con la dulzura de ese “ciervo dulcísimo sobre su corazón” (estoy citando elementos de “RAÍZ” y de “TROVADORES – IV”). Por supuesto no faltan en la marmita de nuestra hechicera, peces moribundos ni carne de buey negro. Porque en ésta como en toda genuina poesía “el ángel y el demonio se toman de la mano”. Pero girando en medio del torbellino que genera el poema, Irene Marks sostiene con firmeza la varita heredada sin duda del hada Morgana o alguna otra bondadosa sanadora amiga de Merlín o de sus propios ancestros irlandeses. Sin olvidar que entre las hadas y los brujos protectores de ORIGEN está la poeta Paulina Vinderman, alentando a la autora desde su hermosa contratapa.

Tal es la lana, tal el material de su tejido, con el cual y fiel a los principios surrealistas, Irene sueña y halla en lo onírico los metales preciosos de su canto, ella capta otros mundos e inventa su lenguaje, como en los poemas “EL LATIDO RITUAL“ y “ONGAMIRA: PALABRAS DE LA ROCA”. Irene capta otros zodíacos, otras constelaciones, y sabe cargarse de su energía mágica; luego se pone a soñar y nos habla con el acento extrañado de la premonición y la eficaz certeza de los hechiceros. Leo fragmentos de “TROVADORES – II” (pág. 43): “Lo que me asusta no es perder al trovador, sino perder el sueño / del trovador, sus melodías de tierras inconclusas”. Y más adelante “ oh ya no sé a quién amo si al real o al soñado que / habla con la voz grave de los primeros pétalos caídos, allí donde / aún conserva la dulzura su salvaje vertiente de tréboles al / perderse en la noche.” Y al final: “Mas no sé renunciar al arco iris de su sangre tendido sobre el cielo de almohadas que une al mundo, / ni a su nombre, saeta sin destino, pasajero del tiempo como las / maldiciones como las esperanzas.

La más inverosímil tarea del crítico no es por supuesto la de dar lo comunicable como al hablar de un Prólogo, sino dar aquello intangible que emana de esta escritura que, como dice nuestro querido y venerado Julio Cortázar, ”nos abre el misterio de lo que es mirado desde el otro lado de la realidad cotidiana”. Por eso termino citando de “TROVADORES – V” (pág. 48): “Pero tú no lo sabes, solamente el que viene detrás de ti conoce estas señales, / el que mueve las olas de la noche, / el que llegó flotando en la más alta cresta de la espuma, cuando surgió el diluvio para quitarme el fuego para quitarme el fuego.”

Posdata: Esperamos haber traído suficientes ejemplares del libro para que cada uno de Vds. pueda llevarse un ejemplar firmado por la autora.

lunes, 11 de enero de 2010

EDGARDO GUGLIERMETTI- INTERROGANTES

La tragicomedia de vivir

En Interrogantes, Edgardo nos hace ver su abismo, su relámpago de dolor por momentos apocalíptico “en los miserables días que quedan, hablo”, con una escalofriante lucidez que se burla de los monstruos sagrados (“Calandria sarcástica/que brota a orillas de un arroyuelo/entre maracas”) y con un humor punzante pero también fresco y muy porteño: “Pobre vampiresa, se salió de su sombra, /Del mural de la sangre. Se fue por las calles con las piernas anudadas. /Dijo ¡adiós patio mío!”
La mirada herida no se detiene ante lo macabro, sino que nombrándolo le restituye su lugar, su derecho a ser “Entre mordeduras palabra fiel inocente/algo sucio bello pertenencia de otro mundo aquí aquí no/ allá mordedura escarlata”. Sin embargo, la infinita nostalgia, el camino que rinde sus homenajes a cada pisada que en él se grabó y le duele recordar, se expresa con fuerza en imágenes:”Un glaciar a punto de estrellarse, una madera tallada/Cuerpo cimbreante con una chinchilla en la cabeza/ con un adagio para la última rosa”.
Pese al sarcasmo, el llanto es abierto (“Cómo atravesar la obstinada región del miedo / con la belleza muerta en brazos”), porque hay un horizonte perdido (“Así se va vaciando el porvenir/ así los obstáculos trozan alas”.)Y hay otras máscaras del dolor que no se olvidan, las que la sociedad impone a los transgresores (“Debajo del camafeo la humillación en los hospitales”;”Me arrastran por el hall en continua secuencia/un revólver en el estómago”) y como contrapartida el frenesí que intenta negar su condición penosa, no recordar lo transitorio (“Me pinto la cara para hipnotizar y danzo/ me dibujo en la pared para hipnotizarme”). Y lo humano, la valoración de lo solidario y la denuncia ante la indiferencia (“¿Nadie oyó gritar a la señorita Alma Winemiller?/En el reñidero, picotazos de gallo a gallo, / un chorro de sangre bañó su vestido transparente”)
En esta búsqueda de sentido a través del cuerpo (“¿un puente entre dos vidas/dos vidas que cerrojan el puente?”…”el sexo borrachera del ingenuo paraíso”) y más allá del cuerpo (“en otro sitio la vida fue tuya/aunque los umbrales dijeran otra cosa” “corazón de lapislázuli bajo tu cuerpo/sostenido por malabaristas”), hay por momentos la conciencia del abandono, el infinito deseo del retorno al origen, al Bosque, que es la madre,(“¿El bosque es el cuerpo de una madre?/¿Una madre es la memoria de un retrato?/Madre y bosque caminan juntos”) porque ya se sabe que “Dando vueltas por la calesita del asombro/ensombrecido”…se comprende que “las calesitas también son jaulas”
En este viaje intrincado entre el adentro y el afuera, entre el bosque y “la belleza cruel, sacudida por demonios” ,hay un entregarse a lo irremediable: ”Ya no sé esconderme. El miedo corría con zancos, no sabía/qué decirle” y “¿Quién pasa de perseguidor a perseguido?” El yo lírico se expande en un clima de búsqueda onírica y a la vez anuncia la terrible belleza del último poema, donde cae la lluvia en un clima de realismo mágico donde se unen Antonin Artaud y Stefan Zweig, los frutos y pájaros tropicales, la fiebre y el alcohol con el “siempre llueve fatalmente desde ahora”.

viernes, 1 de enero de 2010

GUSTAVO TISOCCO : Desde todos los costados

En este libro, como su nombre lo indica, el yo lírico se sumerge entero en la poesía, y emerge en la más absoluta desnudez, la de lo recóndito, lo externo-interno.(“El poeta /es el gusano/horadando la manzana/hasta engullirla”). Moramos aquí en lo pasado-presente, la nostalgia que es dolor y fue alegría, la denuncia social. Hay diversos niveles de lectura, “costados de adentro” y de afuera.
Los poemas, que en su mayoría no llevan título, muestran una temática definida que además se ahonda en sugerencias y remite a otras dimensiones. El mensaje, no obstante, se comunica en forma directa: lo sentimos porque se emite con claridad desde un mundo de visibilización y animización de todo lo viviente, desde una conciencia de la energía que late en las rocas (“una piedra / y todo el tiempo que fue”), los animales (“la inocencia transpira/animales enjaulados”), la naturaleza (“una gota de río/la caricia del sauce”) y también en el otro (“No sé /si hay grandes poetas,/sí grandes identificaciones.”).Con el otro el poeta anuda su lazo magnético al compartir-nos profundas vivencias y hacernos partícipes de su mirada que hurga en lo que duele y para la que no existe el grotesco, sino lo humano.
En el poema Para escribir un poema de veinte hectáreas, al que le pondría por título Arte Poética, advertimos la enumeración de los elementos que componen su poesía y afortunadamente, no se busca distraernos con fuegos artificiales ni juegos de palabras. La simple enumeración produce el efecto de dardos musicales que dan en el blanco hasta que el mismo blanco desaparece y se crea un nueve orden el de “Todos los costados”, liberación de formas estériles. Quien canta no piensa al hacerlo en su voz, simplemente fluye con la corriente poética(“Dejarse llevar como una veleta”) que nos lleva a donde habla el corazón (”Que tenemos un país herido no debo olvidar”).
La infancia, tratada con gran ternura, cuando es la propia , se vincula con la magia del pueblo natal, la presencia del río, el misterio del “niño de rizos azules” que acecha desde la leyenda, el abuelo contador de historias de piratas y la ausencia del hermano amado , que se evoca en los juegos compartidos. El poeta logra conservar la mirada de la infancia, la vuelca en sus palabras (“trepar la planta de nísperos…Sólo guardo/mi corazón amarillo/que me salva”). También se habla con frescura del despertar sexual (“buscaba el roce/del niño aquel/mi caballero”), conservándose la valentía y la fuerza de lo que nace (“transitas la osadía de vivir entre huracanes”).
Hay asimismo una conciencia del devenir del ser a través de los tiempos, donde la reencarnación asoma, no ya como tema, sino como recuerdo que golpea (”Esa mujer que me observa desde el cuadro/he sido yo”). Sin embargo, el yo lírico se define como pura esencia, como el que se niega a perder la mirada auténtica de la infancia (”soy el triste vagabundo/que perece en los hielos”).

Y llegamos al ámbito social, el costado de afuera, donde el yo lírico penetra en los pozos de la alienación (“ya en el hormiguero/no puedo escapar”). En su denuncia, hay una profunda advertencia y crítica de la hipocresía (¿De qué sirve ahora acariciar al muerto?/Si antes pidió pan,/un abrigo,/que manifestemos por su ausencia,/que gritemos su nombre”; “Siete años tardamos en escuchar los gritos”) y la indiferencia (“los vecinos quedamos sordos/- o quisimos serlo / y nunca más escuchamos nada”).Ante todo, su alegato apunta a la individualización de los que sufren, a la importancia de lo humano (“Volver atrás y no ser número”). La valorización de lo sencillo, lo esencial, nos golpea (“Bello arte el de amar/entregar lo que se pueda”) porque lo conmovedor está en el heroísmo cotidiano de quienes viven para el otro (”Tu hijo te aguarda de noche,/ tu pan lo transforma en príncipe”). También la unión totalizadora del amor de pareja, expresada magistralmente en el poema “A Sergio”( “y me hechizas inmortalizándome”) y su intensidad que es lo más parecido a lo eterno.
En síntesis, un libro de energía liberadora (“Gritar,/dejar salir al lobo/ y retornar al silencio.”), una palabra dolorosamente viva, escrita con sangre , como él lo dice claramente (“Gota a gota/ iré aflorando sangre”)

jueves, 3 de diciembre de 2009

CARLOS GIOVANOLA (fallecido) poeta y músico, fundador de la revista "El Cañón Oxidado".En recuerdo de su obra y de su amistad.5/12 (su cumpleaños)

De uno de sus libros ,MAGA, editado en 1985, con prólogo de Nicandro Pereyra, reproduzco aquí el Canto Nª 1

CANTO Nº 1
En honra alquímica y selvática de rituales únicos
en el siglo XX, de pie en frondosos bosques
bonaerenses...
la MAGA HABLÓ Y DICTÓ...




Leyes inusuales del origen
de la vida,
Maga; lúcidas de herméticos coros
de soledades
de antiquísimos palacios
su palabra rítmica fugacidad de
secretas iniciaciones
de perfumados pensamientos que
distraen a quien la oye,
Maga; increíble plenitud de altísimos
álamos
de indestructible morada de mági-
cas transfiguraciones
de ornamentos
de viajes al desnudo poder de la
luna
de tu palabra sin artificios
de tu voz antiquísima como las
danzas,
Maga;¿qué nada confundes y atraviesas
las noches en dulces meditacio-
nes?
Llegaste del oeste
trayéndome tu perfumada cabelle-
ra
tus delgadas manos
tus interrogantes
a dictarme el solemne viaje de
los Dioses dormidos del Perú
de las máscaras rituales de los Onas
de los valles oscuros donde habi-
ta el búho
llegaste con mensajes lúcidos de flo-
res petrificadas
con abundantes ráfagas de perpe-
tuo reloj
de ciertos designios
llegaste del estanque de nenúfares que
perfuman tu jardín
del visitador lagarto que a veces
cruza tu casa
de cielos lejanos al sentido que
sólo tú puedes saber,
llegaste Maga
a la claridad circular donde toma-
dos de la mano
contemplábamos momias egipcias
en la pampeana Plata
llegaste del olvido y el remanso lago
del templo perdido de tu ritual
de tu espera góndola de orfebre-
rías
de ropas y aceites.
MAGA...
llegaste a tocar de mí la dulce
canción de un relato
de mi confesionario que oíste de
mi boca...de mis viajes...y
sueños...
MAGA...
qué destino profundo
qué saber casi perfecto
del AMERICANO rapto del dolor
la sangre
el deseo
el acto de morderse dulcemente
los dedos
MAGA...
qué edificante aventura tiñó
nuestro destino,
nuestros pasos,
nuestra desventura...
Maga; la frente blanca del rocío
comenta de tu sangre
¿Qué me dirás?...
¿Qué dictarás ahora?...
Sobre las altas torres del pro-
vinciano bosque de la Plata
tejen sus raíces selváticas vo-
ces de aquellos malones...
MAGA...
qué hermosa seda perfiló tu pa-
ñuelo violeta?...
¿qué dices al viento?...
La dura flecha del cacique y el
brujo orquestando su collar
de pezuñas parecen hablar de su
grandeza
de tu indestructible estilo
de soledades
vientos
olas
plumas
redondeces de delgados colmillos
en azules piedras
MAGA increíble belleza organística
parece oírse en algún templo
desobedeciendo...
MAGA...¿qué dulce otoño nos tocó
los ojos?
ahora el increíble salto del corazón
arrodillándose al solar día
de las INICIACIONES

miércoles, 18 de noviembre de 2009

SIMÓN KARGIEMAN- UN INSTANTE...EL INFINITO

HOMENAJE A SIMÓN KARGIEMAN,(20.11.1926- 14.05.2007)que publicó 20 libros de poesía(Tiempo de lágrima cerrada, Niño del asombro, Antipoemas, Su nombre es la hierba, 27 poemas, Antipoema 14, El círculo inmóvil, América y otros poemas, Acto de fe, Ella y el amor, La palabra decisiva, Esa extraña luz, la vida, Así hablé con Zarathustra,etc) y participó en la creación de dos revistas, junto con Alberto Luis Ponzo, Julio Bepré y Luis Yadarola
Transcribo a continuación algunos textos de su libro UN INSTANTE ...EL INFINITO


1

Cuando el olvido se apoya en el último peldaño de su descenso,aguarda, sonriente y atenta, la muerte.

2

Rostro de transparentes desiertos.En la distancia infinita el caos original observa, inmutable.

3

Más allá del instante, oscurece.Todo es desolación, más allá del instante.Hasta que la vida vuelva a ser como antes, cuando el instante existía.

4

Los pájaros del tiempo caen exhaustos sobre la tierra. Uno tras otro, hasta ser una sola muerte, agonizan. El silencio abismal de la nada desciende lentamente sobre el escenario.

5

Cuando todo ha terminado de suceder, algo está por suceder, algo comienza a suceder.

6

La palabra entra en el espacio exacto del olvido.Se acomoda y muere.

7

Cierro los ojos y veo el rumor que se alza desde los profundos abismos:son los restos milenarios de la perdida inocencia.

8

El ser humano nació con los orígenes del mundo, cuando Dios cayó a sus pies luego de darle vida.Recuerdo, entonces, aquella flor erguida que soñé en medio de un desierto sin límites: aquel que fui antes que el tiempo y el espacio asumieran sentido.

A veces me encuentro con Dios y conversamos, con mucha tristeza, del instante en que amaneció el tiempo y todo dio comienzo.

9

Palabra. Espacio del misterio.Sombra del secreto inaccesible. Ruido que atraviesa paredes de silencio. Palabra.Di tu voz y deja en mis labios la llave soñada. Con ella abriré tu puerta de pronto para sorprenderte y amrte. Y te diré cuánto esperé este instante para decirte, sin palabras, mi alegría.

10

Recluido por los carceleros del tiempo ydel espacio - infinito antes que nacieran las palabras "desde" y "en"- he logrado, por fin, evadirme hacia mí. Y aquí estoy, héroe gozoso de mi soledad, dispuesto a defender mi muerte con las armas del eterno retorno a la vida.

11

Loa designios inasibles de la melancolía arrasan los infinitos aposentos de la soledad.
El ser cae a las orillas del tiempo.
Una lágrima invade el universo del silencio.

12

La vida transcurre en profundidades submarinas inaccesibles a la percepción humana, en zonas de lejanía muy anteriores a la posibilidad de la palabra como agente traductor de los más hondos aconteceres, aquéllos que se suceden siguiendo la aún misteriosa ilación del ritmo universal, desde ya inaprehensible, y cuyo lenguaje secreto anida en un vasto silencio anterior al silencio.

II

Silencio,
matriz donde tiene principio
el origen del ser.

13

Los sentidos nos acercan a la captación de atisbos imprescindibles. Sabemos
que las esencias son rumores inaudibles de los que somos inmutables testigos y que vamos transitando nuestro destino sin saberlo...

14

En el nacimiento fui el cauce de la luz
y de la sombra
arrojado al costado de la hierba amé
el movimiento de las hojas entre la brisa
amé la caída de la piedra y su rodar
sin pausa sobre la soledad del espacio
amé los primeros ojos extendidos sin prisa
sobre los desiertos infinitos amé la ternura
de la lluvia que acariciaba hasta las lágrimas
el parto de los hondos abismos y vi las formas
delinearse sobre horizontes inmutables,
cabiantes,
y entonces, por primera vez, lloré, lloré hasta
sentirme sumergido en los profundos mares
que de mí nacían, que de mí surgían sin descanso,
y luego,luego vi sobre mi rostro el temblor
de los vientos y la noche de pronto,
la noche amaneciendo desde un extraño
silencio a lo lejos...

En el nacimiento fui el cauce de la luz
y de la sombra ahora, ahora que todo ya
ha sucedido, aguardo sereno el retorno a los
orígenes, allí donde todo existía antes del caos.

domingo, 15 de noviembre de 2009

MARÍA CHAPP- EL OJO PEREGRINO, Ediciones El Mono Armado

En la cita que introduce Marzo , primera parte de su libro , María Chapp nos anticipa que el tema será el desnacer y el nacer, lo que se cumple en su poema Huésped, donde la sensación de extrañamiento propia de la poesía logra sumergirnos en el asombro con un desdoblamiento que se torna natural: ”esa presencia se me parece/no este yo/apellidonombreprofesión”
El “yo” al que hace referencia María y que ella considera “este pequeño yo”, “se disuelve” cuando “mi huésped me abraza”. Más allá de la poesía, hay aquí una experiencia del cosmos, del ser con la totalidad en forma mística, que está volcada en palabras.
En su apertura, su búsqueda , recorre lo onírico, lo toma como fundamento, y mediante la despersonalización, se hunde en el inconciente colectivo, donde “se agitan voces” y se vale del”vientre sin tiempo” para llegar al Umbral, donde su viaje se manifiesta como un remolino(”viajo por el túnel”) y el lenguaje acompaña con su enumeración rápida (“crayones papeles baúles de madera” ), viaje por “la trama de las edades”, donde la tierra es el cuerpo, el mar, lo pequeño se vuelve infinito “cada poro despide barcos” y se continúa hasta la próxima etapa cuando el umbral ya se ha atravesado y la palabra resulta insuficiente(” las palabras no pueden nombrar”), por lo que la voz se torna lírica cuando descubre que “la piel no es confín” y nos conduce en “el goce fosforescente/de mi más allá”.Las sucesivas búsquedas , la conciencia de regresar “una y otra vez/nuevos cuerpos”, y la absoluta inmensidad , la soledad de “vadear el karma/antiguos aullidos” y la pregunta esencial(” ¿existe la propia vida?”), planteada desde quien se está pariendo a sí misma,porque va más allá del hemisferio izquierdo y puede “reconocerse en el linaje/de mudas abandonadas/filántropas alquimistas/ sanadoras/señoras de la candelabros”, es decir, en la magia milenaria y perseguida de las que pudieron unirse con todo lo viviente levantando el gran manto del inconsciente cuando “el destino es un largo río ciego” y el yo lírico se une a lo que lleva el viento( “como aves migratorias/las hojas/buscan un país sin nombre”)
La muerte de un árbol, la presencia de un animal están colocadas en su dimensión de pertenencia cósmica, por lo que la conciencia de la propia pequeñez se acentúa (en el poema En el desierto) con la anáfora”alguien habla con el desierto” que se continúa con la idea de “estar desnudo en el desierto” para seguir la ruta, mediante “la puerta diminuta” que permite hallar un resquicio, y es una condición ineludible “para ver el árbol/abrir el corazón”
Sin embargo, la búsqueda no se interrumpe (“hay un sentido/detrás de la montaña”).Y el tiempo-espacio deviene en chorro incontrolable de latitudes sumergidas, (“todo es crepúsculo”), un contraste entre el tiempo inmóvil (“llanuras del tiempo”) y el tiempo fugaz (“movimientos perpetuos de los ríos”). Por eso “un ojo contempla” y se continúa entonces, con la idea de “sólo desnudarse / y cantar”.Desde la entrega llega el Vértigo Azul, canto lírico, pintura cósmica donde los colores dibujan círculos proféticos de la unión cuerpo-alma, el misterio de la inmensidad se hace evidente (“un ave escribe/alguien le dicta/desde el espacio/vuela hacia lo líquido”)
El misterio nunca develado en su totalidad es dinámico y nos deja sin aliento(”ángeles tejen con tu cabellera ritos del vértigo azul”)
Cuando nos dice María que “cada uno deberá resucitarse/bajar de su cruz”, entramos en la naturaleza trascendente de cada ser, la posibilidad de abrirse totalmente( “¿entrarás en ti/ en tu hermosura?”).Se penetra entonces en la zona de plenitud del libro, la zona de máxima luz a mi entender, donde hay dos series de poemas que llamo de celebración, la serie dedicada a Gala, una perra (“¿acaso vienes del cristal /en el aura de los que siempre se han amado?”, donde hay una conciencia de la unión de energías, lo arbitrario de la separación hombre-animal:”chispas de la misma llama” ,”latir juntas la eternidad”;la idea del nexo espiritual profundo con un animal :“un animal me está destinado(…)come de mi corazón/yo del suyo”) y la serie llamada Abrazo, que lleva un epígrafe muy apropiado de Mikis Theodorakis” Kalimera Iles-Buen Día, Sol”, y en el que se enaltece la relación humana física de unión entre los cuerpos como saludo a la naturaleza, ceremonia solar donde “ojos con estrellas dentro/pulsan lo inmenso/cráteres de luz”. Esta serie es un himno al amor en conjunción con su raíz cósmica, y luego llega Marzo nuevamente con el dolor, la muerte, la sabiduría(” aquí hablo con pájaros/soy la anciana del bosque /que amamanta”). Se establece una decidida relación con otras dimensiones :”Oigo galopar/¿a qué guerra irán esos caballos?/¿Qué portal habrán de atravesar sus crines?”.Pero a través de todo esto, el ojo registra, el ojo “peregrino” halla" el portal”, es presagio ”vendrán a buscarnos los glaciares” , realiza su travesía “hasta que soporte la luz” y descubre que “ el humilde ve /el que se hinca”.María Chapp bucea en el inconsciente colectivo y emerge diciendo que” no es el poeta quien habla/es el gran ojo que recuerda”